Con su ambiente sencillo y luminoso, es quizá la sala que mejor refleja la forma en que vivían los monjes.
Tres ventanas permiten a los huéspedes disfrutar de la vista del extenso valle y de las colinas del Chianti desde todos los rincones de la habitación.
Los jarrones y lámparas de metal elegidos a mano complementan los muebles de madera.